EL BESO

Con doce años decía que los besos no importaban.

Con quince, que no eran más que piel con piel.
Sino sentías nada no tenían sentido ni tampoco pies.

Con veinte no sabia vivir sin él.
¡Madre mía! ¡Que momentos! ¿Solo piel con piel?

Con el tiempo se convirtió en infiel.
A veces servía de traición, a ratos solo era pasión.

Con veinticinco un arrebato que me condujo a él.

A los treinta creí haberlo perdido pero todavía se encuentra bien.

Los besos son como los dulces en un pastel.
La vida, a ratos, nos regala trozos inmensos por doquier.

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