MI NOCHE…

Me vuelvo loca imaginando un mundo diferente a este.
Sin necesidad.
Solo por imaginar.
Solo por el dulce capricho de pensar en las posibles diferencias.

Imagino mil situaciones, intuyendo mis sensaciones, mis decisiones.

Recapacito, y vuelvo a este momento que a veces me ofrece tanto y tan poco.

Imagino mil destinos para mis temores.
Y prefiero no pensar en mi pesar, en mis decisiones sin pensar.
Esas que tomo cada día.

Me devuelve el alma a ese lugar, donde pensar en disfrutar de lo diferente a lo normal.

Me vuelvo loca al pensar, si existe ese lugar.
Donde nunca termino de soñar.

UNA VEZ…

Hoy he leído, en alguno de los mil textos que escribí, cuándo me cogiste la mano por primera vez.

Nerviosa, vi a tu amigo acercándose, intercediendo, para acercarme a ti.

La música dejando de sonar. Ya no había nadie más allí.

Las caricias en la palma a escondidas.

Me cogías de la cintura. Cómo si fuese ‘sin querer’.

He leído como recordaba nuestros primeros besos. Nuestras interminables dudas. Nuestro primer ‘me gustas’. Los ‘te comería’.

La primera vez que pude conocer el tacto de tu piel. Ese olor inconfundible.

Cómo te miraba mientras te alejabas sin saber cuando te volvería a ver.

He recordado nuestras conversaciones más sinceras, cuándo creíamos saber que sabíamos en qué creer.

Cuando pensábamos que nuestra balsa eran el tiempo y la distancia.

Cómo al vernos olvidábamos cada palabra. Y los besos borraban la inconstancia.

Así te llegué a querer y te olvidé.

Ahora solo es cuestión de volverte a ver como te vi una vez.

LO QUE TE ESCRIBÍ…

He releído nuestros e-mails. Hacía muchísimo que no los leía. Quizá un año. Quizá más.

Yo como siempre, extensa en palabras, en texto y en detalles. Tú como siempre escueto y comedido.

No supe ver que debía haberte dado las gracias. No por nada en especial, solo por leerlos. Por haber contestado a algunos.

Había días que solo escapaba de mi misma al escribir. Que solo zanjaba mis asuntos al ponerlos en la pantalla. Enviarlos era una formalidad a la que me obligaba para poder dormir.

No quiero imaginar en qué pensarías al leerlo. Qué ideas cruzarían tu mente mientras diseccionabas mis palabras. Qué imagen te formabas de mi uniendo todas las palabras.

Quizá los amigos no son tanto aquellos con los que sales de copas, sino aquellos que son capaces de pararse a leerte un momento.

Echo de menos nuestras charlas interminables. Nuestros abrazos escondidos. Ese amor platónico inconfesable e irreal. Líneas y líneas de textos inconexos que salían directamente de mi cabeza a tus oídos.

Hay amigos que son para siempre. Con quien he compartido momentos inexplicables. Que se guardan en el corazón con la certeza de que serán tuyos para siempre.

Yo te contaba todo y tu solo un poco, como siempre, hermético y enigmático.

A veces te echo de menos, como quien sabe que perdió un tornillo.

A ratos me doy cuenta de cuánto aprendí de ti y de cuánto podré seguir aprendiendo.

LUNES…

… extraño.

Ha sido un buen fin de semana.

De esos que te abren la mente y te hacen hablar.

De los que te hacen pensar.

 

Con alegrías inesperadas.

Con sorpresas muy gratas.

Un fin de semana completo.

 

Te das cuenta de las cosas:

Me gustan los hombres asépticos.

Me gustan los amigos subjetivos.

 

No echo de menos mi vida.

Echo de menos el coraje.

 

Hoy es un buen lunes.

Personas que te aprecian.

Útil. Imborrable.

 

Un fin de semana para aprender.

Para compartir.

Para Sonreír.

 

 

 

 

DONDE DIJE DIGO…

…ahora, me desdigo.

Por que jamás pensé que me preocuparía por las cosas que ahora me preocupan.

Siempre pensaba eso de: ‘a mi no me pasará’.

Y no es lo mismo que arrepentirse, que no me arrepiento, me desdigo. Rectifico.

Como siempre le contaba a mi mejor amigo: uno no puede arrepentirse. No puede arrepetirse de una decisión que se toma teniendo en cuenta las condiciones de ese momento. Si después esa situación varía, no debes arrepentirte, por que no estaba en tu mano. Si no resulta como pensabas, es tu culpa no haber valorado que podría acabar así.

¿Por que arrepentirse entonces?

No me arrepiento de lo que dije, sino que me doy cuenta, y aprendo, que a veces hablamos del futuro como si lo diésemos por sentado, como si supiésemos cómo van a ocurrir las cosas y cuando no salen así, nos frustramos.

Otro amigo mío decía siempre que tenía pajaritos en la cabeza. Y es verdad. Me encanta. Me encanta pensar en qué será. Qué pasará. En como serán las cosas, imaginarme cómo serán, por que esa es la manera que tengo de visualizar lo que quiero y de ponerme metas para conseguirlo. Siempre me ha ido bien. Siempre he conseguido lo que me he planteado, aunque fuese a largo plazo, aunque solo fuese algo parecido.

¿Pero que pasa si no está en mi mano?

Di cosas por sentadas que ahora no pasarán.

‘Por que a las personas buenas le pasan cosas buenas’ decía mi madre.

Por eso sigo teniendo pajaritos, y pensando que quizá, a largo plazo, todo pueda pasar.