LA IMPACIENCIA…

… puede hacer estragos en el sistema nervioso de una persona.

Mañana, después de diez días de eterna agonía metafórica será el momento de saber qué se esconde detrás de la casilla naranja.

La curiosidad … mató al gato.

¿Alguien lo duda? Tengo ganas de saber, de conocer. Tengo la impresión de haber consumido mis siete vidas en éstos siete días.

Soy consciente del momento socio-político en el que transcurre esta situación. Conozco la problemática. Las posibilidades reales. Las estadísticas.

Pero aún así sólo pienso en mañana. Pienso en coger el teléfono y que con una sola frase mi realidad laboral cambie.

No todo está perdido. Todo está por llegar.

HAY QUE PENSAR…

… de todo un poco.

Es cierto que desde que me mudé las cosas no han sido
muy fáciles. Sencillas. Digámoslo así.

La verdad es que mi pareja lo intenta, es genial, pero hay cosas que se siguen echando en falta.

La cercanía de la familia, los amigos as, un servicio de transporte público decente y eficaz, las baldosas de siempre, la ausencia de corrientes de aire continuas, el sirimiri, un olor, el gris …

Pero también se echan de menos los pequeños carteles en tu lengua materna. Los as niños as cantando otras canciones, jugando a otros juegos.

Los adultos diferentes.

Pero no me quejo. Me cuidan bien. Todas las noches tengo besos y abrazos. Todos los que quiera.

Y una oreja. Y un hombro.

He conocido gente nueva, buena gente.

Todo es cuestión de tiempo.

Supongo que cuando encuentre un trabajo que me llene, que me guste, todo será mejor.

Globalmente todo tendrá mejor color.

Bienvenidos as a mi nuevo hogar.

ME DUELE…

… y me llaman quejica.

Llevo un tiempo que no levanto cabeza.

Me siento mal por qué me clasifican de quejica, llorona, psicosomática, anquilosada, “Dolores”,…

Pero la realidad es que no controlo las condiciones climatológicas, los virus, las bacterias, los malos gestos y sus consecuencias, mi desmesurada torpeza y mi oportuna intolerancia al dolor.

Tampoco mi fisionomía, mi genética y mi “descuido deportivo” han contribuido. Soy consciente.

Pero es cierto que aunque siento el dolor físico tengo una gran tolerancia al mismo. Los cólicos nefríticos son un gran barómetro al que me he sometido en varias ocasiones.

También es cierto que ahora mismo, que me encuentro con “moquillo”, dolor lumbar, un dedo del pié posiblemente roto, una rodilla artrósica por falta de cartílago, dolor en el costado derecho por un posible problema de estómago, comienzos de colesterol, miopía, dermatitis atópica y otros síntomas que aparecen en momentos de estrés… tampoco es que me encuentre muy mal.

Con 28 años parece que estoy hecha un asco. Pero en realidad sigo sintiéndome genial y todavía tengo ganas de hacer miles de cosas.

Seguiremos aguantando el temporal.

Un saludo