…NO ES OTRO MÁS…

Este fin de semana va a ser diferente.

Cinco días encerrada en casa no es sólo ‘diferente’. Es aburrido. Desolador. Inquietante.

Estaba acostumbrándome a viajar. A comer lechazo, jabalí. A beber buen vino. A encontrarme con amigos y a conocer a gente nueva.

Irnos a Valladolid y a Galicia en el último mes la verdad es que ha sido genial.

También hemos aprovechado de forma especial los fines de semana que nos hemos quedado ‘en tierra’. Cenita con la cuadrilla, viejos amigos que hacía tiempo que no veíamos, kayak por la ría de Bilbao,…

Este fin de semana va a ser diferente.

Debido a una lesión en la espalda que me hice trabajando en el colegio con los enanos (atándole los cordones a un pequeñajo, casi me da hasta vergüenza contarlo), voy a tener que estar unos días en reposo.

Debo decir que hasta estar sentada en esta silla se me hace especialmente incómodo.

Voy a descansar, y voy a hacerlo bien.

Por que aunque este fin de semana va a ser diferente, ya que voy a estar en la cama, el fin de semana que viene nos vamos de turismo por La Rioja.

¡¡Y hay que estar a tope!!; Museos vinícolas, bodegas, pintxos y tapas, vinos tintos y rosados (mis preferidos), una parrillada al aire libre, de noche y con las luces a medio gas. Relax y buena compañía. Risas, sobretodo risas.

Marqués de Riscal

No queda nada. Este fin de semana es diferente, pero solo por que pienso en el que va a llegar.

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…HOMENAJE…

Las historias son las siguientes:

Amigo gusta chica. Amigo pide opinión sobre qué hacer. Me río. Le ayudo.

Chica deja amigo. Amigo pide opinión sobre qué hacer. Le doy mimos. Bebemos cerveza. Le ayudo.

Amigo raro hace preguntas raras. Contesto. Problemas de trabajo. Le animo. Bebemos cerveza. Le ayudo.

Otra chica deja otro amigo. Amigo triste. Le doy mimos. Animo. Bebemos cerveza. Amigo hecha novia. Solo me llama a veces.

Amigo llama para ver peli. Vemos pelis. Y pelis. Y solo me llama para ver pelis.

Amigo no quiere novia. Amigo no quiere novia. Amigo hecha novia. Amigo se vuelve idiota. Amigo me mete en líos. Es mi amigo. No le mato.

Amigo quiere viajar. Animo a viajar amigo. Amigo siempre al teléfono para mi. Yo siempre al teléfono para él.

Me pongo mala. Amigo viene con peli. Me pongo buena.

Etc… Etc… Etc…

Si mi problema no es que no tenga amigos. Es que los tengo raros. Algunos buenos. Algunos malos. Pero los aguanto a todos. Y lo mejor: todos, de una manera u otra, me aguantan a mi.

…UNO DE ESOS…

Hoy es uno de esos días en los que me levantaría, miraría por la ventana y volvería a meterme en la cama sin pensarlo.

Y llevo todo el día con ese pensamiento a cuestas.

No sé explicarlo, pero me he dado cuenta que era grabe cuando he pasado por delante del bus de ‘Donantes de sangre’ y no se me ha movido ni un poquito algo por dentro.

Soy donante desde hace unos años (de sangre, de médula y de órganos el día que fallezca) y siempre al pasar por delante del bus me dan ganas de saltar dentro y donar ese casi medio litro que no necesito. 

A veces me frena que no han pasado los tres meses y medio que debo esperar desde la última donación. Otras veces que estoy de resaca o que no desayuné o no comí.

Hoy lo he visto y he pasado de largo. No me apetecía. No tenía ganas. Quería hacer lo que tenía que hacer y volver corriendo a casa a tumbarme con la manta eléctrica en el sofá.

No sé si es una de las miles de gripes que cojo al año (venditos niños as) o el virus de gastrointeritis que ‘pulula’ entre la gente que conozco. Pero algo estoy pillando. 

Algo se está acercando. Y como me toque… me va a dejar sin las pocas fuerzas que ya me quedan. 

Ánimo a los enfermitos y a los enfermos.

…VIERNES…

Estoy cansada. Aburrida.

En el trabajo no hay nada que hacer.  Aquí la crisis llega de otra manera.

He dormido poco. Anoche intenté formatear el pc de casa. Ya sé, ya sé. Tarea imposible e impensable. 

Estuve hasta las dos de la madrugada sin poder cerrar los ojos. 

No dejaba de pensar en los archivos que podría perder, en como salvarlos. En los programas que ya tengo ‘personalizados’ a mi ‘forma y manera’. Enlaces, programas ‘ayuda’, atajos, arreglos,…

Pero que se le va a hacer. De vez en cuando hay que hacer un borrón y cuenta nueva. Empezar de cero, aunque sea con el pc.

El conserje me ha puesto el hilo musical. Es un cielo. Mayor, unos cincuenta años. Tiene un sin fin de problemas pero siempre los deja fuera del centro.

Parece que aquí todos hacemos eso. Nos saludamos y todo siempre va bien. Si alguien insiste contamos algo corto, breve, escueto y seco, y continuamos.

Pero el conserje es el mejor de todos. Me pone música, retiene las llamadas que sabe que van a molestarme e intenta darles solución él. Me ayuda e intenta molestarme lo menos posible. Dice que bastante tenemos ya (las coordis), que él se ocupa de lo que puede y si puede más, más. 

Hoy estamos los dos de ‘vagueo’.

Los pasillos están vacios. Que decir eso de un edificio de siete pisos, tiene guasa.

Llueve. Muchísimo. Y solo pienso en salir de aquí y acurrucarme en el ‘txoko’, junto a la estufa. Y degustar la cena que hemos preparado para hoy todos los amigos. 

Yo he hecho Tejas. Galletitas dulces. Y esas cosas. Los demás: morcilla, chorizo, panceta… Ligero, ligero, pues no… Jajajaja.

Buen y bonito fin de semana.

…LA ELEGANCIA DEL ERIZO…

Así se llama el último libro que he leido.

No sé por donde empezar. 

Al principio era pesadísimo de leer. Increíblemente pesado. La gramática, la textura del texto; pastosa, interminable… 

El nivel intelectual con el que la escritora ha dotado a sus dos heroínas es tan alto que cuesta trabajo, de verdad, ponerse a su altura. 

Cargada con un diccionario de bolsillo (obsequio de una broma de mi cuadrilla, muy útil) me obcequé en terminar la obra quisiera o no. 

Sería insuficiente decir que el final es revelador, por que en realidad lo es toda la obra. Al llegar al ecuador del libro, cuando ya solo pensaba en que quedaba la mitad de mi suplicio, llegó una sorpresa. El libro era hermosísimo. Lleno de cualidades, de frases que anotar en un cuaderno para recapacitar más tarde sobre ellas. 

Inteligente, soberbio. Un libro para pensar en la vida, en la muerte, en la amistad, en las clases sociales (hablando de crisis…), en como una persona puede no mostrar quien es al resto del mundo por cientos o miles de temores. 

Y sobretodo, como todo puede cambiar. Y parece que al decir todo, digo poco, pero ‘todo’ no es una palabra para no tomar a la ligera. 

Me pongo con ‘El niño con el pijama de rayas’.